sábado, 17 de junio de 2017

Cambio de aires

-¡No decaiga ahora! ¡Empuje con más fuerza! -gritó el señor N. enérgicamente.
-¡Me temo que es inútil... necesitamos más ayuda! -contestó resignado su camarada, el noble Ar., mientras observaba, imponente, cómo le flaqueaban las fuerzas ante aquella edificación de monstruosa envergadura.

Ambos eran únicos en su categoría y no se descomponían nunca, por muy dura que fuera la situación; pero esta vez dichos elementos no eran suficientes para hacer frente a la apoteósica estructura que permanecía inmutable frente a ellos. En el fondo el señor N. también lo sabía, aunque no quisiera reconocerlo.

¿Qué diablos podía ser aquello? Había aparecido de repente en mitad del camino y se negaba a moverse, pero sin duda lo más amenazador eran sus tres inmensos brazos pálidos de color lechoso. Henchido de pensamientos que escapan a nuestra comprensión y que, aun teniendo las palabras necesarias me vería incapaz de describir, el señor N. endosó su orgullo y se dirigió una vez más a su compañero:

-¡Maldita sea, está bien! ¡Pida refuerzos! -ordenó con gestos ávidos al borde de la desesperación.
-¡Enseguida, no tardaré en regresar! -contestó Ar. mientras abandonaba a su voluminoso amigo, dejándole solo a la deriva de un destino incierto.

Pronto llegó el auxilio y con él las esperanzas renacieron.

-¡De acuerdo, sigan mis instrucciones! ¡Empujen todos aquí a mi señal! ¡Esta cosa no podrá con nosotros! -capitaneó N. al resto de compañeros, que aún no salían de su asombro.

Y sucedió que, poco a poco, gracias a la nueva ayuda, comenzaron a producir aire. Y a su vez, gracias a la persistente constancia, se produjo el viento. Y lo mejor de todo es que los desmedidos brazos de la máquina comenzaron a moverse. Lo habían conseguido.

El señor Nitrógeno felicitó a todos por la proeza que acababan de efectuar, también pronunció unas palabras para su fiel compañero, Argón. Mientras tanto, un hombre que paseaba por los alrededores veía complaciente cómo las aspas de un aerogenerador se movían, incapaz de imaginar la titánica lucha que acababa de tener lugar.